Salud y Educación

Vacuna China: Diario de un voluntario. Segunda entrega

Por Gabriel Katz

El pasado martes 3 de noviembre, a las 8.50 AM me apliqué la segunda dosis de la vacuna China “Sinaphorm”, o el placebo. Confieso que el anuncio que hizo el Presidente sobre la compra de 25 millones de dosis de la vacuna Rusa me puso los pocos pelos que tengo de punta. Pero me ubicó en el mapa ahora tengo claro que soy voluntario de una vacuna alternativa, distinta, sofisticada. Digamos que al día de hoy, si la vacuna China fuera una película se podría ver sólo en cines independientes: en el Cosmos, en el Gaumont, o en el Arte Multiplex de la Ciudad de Buenos Aires.

Gabriel Katz, periodista de Agenda Sur.

Salí a las 8.30 rumbo a Vacunar. Los rayos de sol anunciaban que sería un hermoso día primaveral. Ingresé a la sede 8.50 en punto. Otra vez la alfombra desinfectante. Esta vez, un hombre con acento caribeño me recibió. Me pidió el DNI, me tomó la fiebre e invitó a sentarme.
A las 9 me llamó Sofía, la médica. Sofía es dermatóloga y trabaja, como indica su delantal, en el Hospital Fernández. Abrió su notebook y se puso a analizar la curva de evolución de lo que informé mediante la aplicación APP CLIN después de la primera dosis.
–¿Cómo estas?, me dijo .
-Bien, cansancio el primer día, alguna que otra fatiga y a veces un gusto raro, como metálico, le dije.
–Todo normal. Lo del gusto metálico es la primera vez que lo escucho, me confesó.
Después me tomó la presión, escuchó el corazón, los pulmones e invitó a pesarme: 77 kgs. con ropa.
Le pregunté a Sofía cómo venía la vacuna China y con una sonrisa me dijo: “Súper bien”. Eso es más que bien, le retruqué. Por supuesto, aseveró. Ahí nomás le consulté sobre cómo tomó el anuncio de la compra de millones de dosis de la vacuna Rusa.
“Esto es como ir a comprar pan: cada panadería tiene su propia receta pero lo importante es el resultado; que todas sean pan. Con la vacuna es lo mismo, hay varias fórmulas que funcionan, pero lo fundamental es que nos liberen de esta situación”.
Enseguida me acompañó a la enfermería. Estaba Vilma. Me sacaron sangre que llenaron dos tubitos. La recompensa apareció de inmediato: otra vez, un juguito con un alfajor Guaymallén de chocolate.
Volví al consultorio. Sofía me presentó a quien me iba hoy a poner la segunda dosis de la vacuna, o el placebo. Le pregunté cuándo sabría la respuesta de qué es lo que me aplicaron: -Mirá, seguramente en un año, me sorprendió. Porque tienen que estudiar, en caso de ser vacuna, cuánto tiempo duran los anticuerpos en una persona. Ahora, si querés una vez que esté disponible te podes dar cualquier vacuna, pero se interrumpe el estudio, me explicó.

Cuando llegue el momento de la aplicación de la vacuna rusa, ¿qué haré: me pondré la Sputnik y traiciono a mis amigos chinos? Por lo pronto, seguimos adelante.


En ese momento me aplicó la segunda dosis; me dolió más que la primera. Volví a mi casa, juguito y alfajor en mano. Al otro día tuve la sensación recurrente de la primera vez: un camión había pasado por mi cuerpo y me dolía un poco la zona de la aplicación. Además, me desperté con el granito un poco enrojecido e hinchado. Se lo confesé a APP Clin.
El Jueves 5 a las 9 de la mañana me llamó Carla, una doctora de Vacunar.
¿Cómo estas?
-Bien, respondí.
-Se nos activó una alerta que dice que tenés 39 de fiebre, dolor de cabeza, hinchazón en la piel y diarrea.
-No, nada de eso. Apenas un poco de hinchazón en la zona de la vacuna y algo de cansancio.
-Entonces, debe ser un error. Voy a chequearlo.
Como si se tratara de una profecía, a la mañana siguiente me levanté con alguna de las descripciones que había hecho Carla. ¿Será la vacuna?
Por suerte duró poco. El viernes y el sábado transcurrieron sin mayores tropiezos. Esta última semana la pasé con total normalidad. Me devoré todas las noticias que aparecen sobre todas las vacunas y los debates, cada día más bizarros. Comenté con varias personas la metáfora del pan que me compartió Sofía. Sólo me quedó picando esto de no saber durante un año qué me aplicaron. Cuando llegue el momento, ¿qué haré: me pondré la Sputnik y traiciono a mis amigos chinos? Por lo pronto, seguimos adelante. En una semana vuelvo para que me saquen sangre.
Agradezco los mensajes de aliento que recibí. También a los amigos y amigas que me preguntaron si ya muté en algunos de los animales que componen el horóscopo chino, si me volví adicto a la salsa de soja o aficionado al Origami. A todas y todos, gracias de corazón.

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