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El mapa de las PASO 2021 más allá del AMBA: ni aprobación al Gobierno ni batacazo amarillo

Por Victoria Ortiz de Rozas

Sólo en Neuquén y Río Negro los oficialismos provinciales se mantuvieron o crecieron.

Los resultados de las PASO 2021 legislativas han sorprendido a propios y ajenos. Si parecía que lo que estaba en juego era la posibilidad de alcanzar quórum propio por parte del Frente de Todos en la Cámara de Diputados, ahora se habla de una estruendosa derrota del Frente de Todos y un batacazo de Juntos por el Cambio.
Un gobierno que pierde votos en el contexto inédito de una pandemia es una explicación plausible y no es una excepción argentina. La participación electoral más baja en las PASO desde la primera vez que se implementaron parece ser una expresión de rechazo a la política, como en otros momentos de la historia argentina. Una ciudadanía que en 2019 votó “en contra” del gobierno de Cambiemos y que en 2021 se encuentra evaluando a un nuevo oficialismo que, a poco de andar, debió hacer frente a una pandemia. En contra de las expectativas oficialistas, la gestión de las vacunas, las respuestas en términos de ayudas sociales a las familias y a las empresas, y la baja de casos de infectados y muertos, no logró concitar la adhesión mayoritaria.

En las elecciones legislativas intermedias se da una intersección entre el ciudadano nacional y provincial, operan ambas lógicas: posiblemente estemos ante un voto rechazo a “los oficialismos” -nacional y provincial-.

Sin embargo, la imagen de una oposición que “arrasó” en las elecciones y un mapa que se pintó de amarillo sólo tiene sentido si se hace el -incorrecto- ejercicio de comparar los resultados con las elecciones de 2019, en las que votamos Presidente y el mapa se asemejó a una camiseta de Boca, con predominio azul y cintura amarilla. Las elecciones presidenciales traccionan el voto, dejando en un segundo plano los candidatos a legisladores nacionales.

Lejos de la imagen de un “batacazo”, observamos en 2021 un crecimiento moderado de Juntos por el Cambio en algunos distritos.

En las elecciones legislativas intermedias se da una intersección entre el ciudadano nacional y provincial, operan ambas lógicas: posiblemente estemos ante un voto rechazo a “los oficialismos” -nacional y provincial-. Este voto rechazo también se canalizó, sobre todo en la Ciudad de Buenos Aires, en opciones electorales novedosas de derecha “antisistema” y fue también capitalizado por la izquierda.  Pero este descontento también fue cosechado por una coalición opositora que se mostró exitosa en su construcción territorial una vez fuera del poder ejecutivo nacional, y que se valió de la herramienta de las PASO en mucho mayor medida que el oficialismo, alentando la participación de la ciudadanía.
Es con respecto a las elecciones legislativas de 2017 que debemos comparar los resultados de estas PASO. Si hacemos memoria, la coalición del PRO y la UCR ya mostraba los primeros frutos de su construcción territorial.
Comparando con ese momento, lejos de la imagen de un “batacazo”, observamos en 2021 un crecimiento moderado de Juntos por el Cambio en algunos distritos: Chaco, Corrientes, La Pampa, Misiones, San Juan (donde no ganó), San Luis (a pesar de no haber logrado listas de unidad), Santa Fe (donde también creció el FDT pero perdió votos el Frente Amplio Progresista) y Tierra del Fuego. En otras latitudes, mantuvo guarismos similares -e incluso un poco menos-: Ciudad de Buenos Aires, Buenos Aires (-4), Entre Ríos, Mendoza, Río Negro y Salta. Finalmente, en otros distritos tuvo un porcentaje de votos menor, como los casos de La Rioja y Neuquén -donde fue dividido- y Santa Cruz, donde sacó menos votos que en 2017 (-5), pero superó al FDT, que perdió caudal a manos de un desprendimiento partidario.

En otras latitudes, mantuvo guarismos similares -e incluso un poco menos-: Ciudad de Buenos Aires, Buenos Aires (-4), Entre Ríos, Mendoza, Río Negro y Salta.

El panorama de una derrota oficialista está sobredimensionado por la resonante pérdida de votos en la central provincia de Buenos Aires, no sólo con respecto a 2019 sino también 2017. El oficialismo nacional también perdió votos en Chaco, Corrientes, La Pampa, Rio Negro, San Luis, Santa Cruz e incluso en San Juan. Pero se mantuvo similar en la Ciudad de Buenos y Mendoza e incluso creció en La Rioja, Salta, Santa Fe, Tierra del Fuego (en menor medida que la oposición nacional), Tucumán (donde también creció Juntos por el Cambio, pero el partido provincial Fuerza Republicana disminuyó su performance).

El rechazo a los oficialismos también se observa en la pérdida de votos de las fuerzas provinciales como Santiago del Estero, Córdoba, Chubut y Misiones, este último caso quizás el más “sorprendente” por las expectativas de un seguro triunfo del Frente Renovador de la Concordia.  Sólo en Neuquén y Río Negro los oficialismos provinciales se mantuvieron o crecieron.
Es necesario analizar los resultados con precisión, sin dejarnos llevar por las lecturas de coyuntura, pero tampoco negando los -muy tangibles- efectos políticos de estas miradas. Cabe esperar a las elecciones generales y observar qué sucede con los ciudadanos que no fueron a votar, y si las fuerzas que compitieron en internas conservan todos sus votos.
No hay manual de ciencia política que nos permita analizar el “voto pandemia”. En la historia reciente argentina tenemos a mano el 2001, la híper de 1989, como escenarios que trastocaron las preferencias electorales de manera radical. Pero no tenemos antecedentes para comparar cómo la ciudadanía evaluó -entre otras cosas- la gestión sanitaria de los oficialismos, la presencia del Estado en una de sus caras más heterogéneas a lo largo de nuestro país.

*Investigadora CONICET, Universidad Nacional de General Sarmiento. Integrante de la Red de Estudios en Política Subnacional Argentina (REPSA).

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