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Del “Vamos a volver” al “Sí, se puede”

Como una analogía de lo que es la sociedad argentina, que se debate entre dos proyectos políticos antagónicos desde su conformación como Estado, estos slogans sintetizan los últimos años: en 2015 el Kirchenerismo dejaba el poder con una Plaza de Mayo repleta que despedía a Cristina Fernández gritando “Vamos a volver”. En 2019, tras la aplastante derrota por 16 puntos en las PASO, Mauricio Macri encabezaba la gesta del “Sí, se puede”, y si bien no alcanzó a ser reelecto, logró achicar a la mitad la derrota para dejar la presidencia con el 41 % de los votos, pese a que había hecho el peor Gobierno de la democracia, junto al de Fernando De la Rúa. Tras el triunfo del Frente de Todos con el “Volvimos para ser mejores” encabezado por Alberto Fernández, quien se apropió del “Vamos a volver” fue, paradójicamente, Juntos por el Cambio. Y para completar la parábola metafórica, tras la durísima e impensada derrota nacional del Gobierno, ahora pareciera ser el Frente de Todos que toma la posta del “Sí, se puede”, dar vuelta la elección de las PASO en las próximas elecciones generales legislativas de noviembre.

Cómo ganar sin hacer nada

Las elecciones de medio término suelen ser un plebiscito para el oficialismo, y vaya si lo fue. En términos generales, y más aún en una legislativa donde la oposición no puede “decir ni hacer nada” durante la campaña por la memoria reciente de su gestión, quienes ganan o pierden las elecciones son los oficialismos. Y en este caso fue más que evidente. Lo no hecho por el Gobierno en términos económicos para revertir el desastre social dejado por Cambiemos, agudizado por la pandemia, queda expuesto como la causa fundamental de los resultados del domingo pasado. Así lo reconocieron públicamente, desde el Presiente para abajo, todos y todas.  Y está bien que así sea, ojalá que así sea, porque lo que está en riesgo no es solamente un Gobierno ni una reelección, sino la desintegración de la sociedad, y no es una exageración…
Argentina convive con una pobreza estructural en torno al 25 % de su población. Con contención social –los mal desprestigiados planes sociales- ese sector sobrevivió en las últimas décadas y permitió que la “vida continúe” para el resto de la gente. ¿Qué hubiese sido de nuestro pueblo sin esa cobertura social? A ello el neoliberalismo de Juntos por el Cambios le sumó “pobreza por ingresos”, esto es, gente con trabajo que no llega a superar el índice de pobreza. Y con la crisis de la pandemia del Covid ese número trepó al 42% según la última medición del INDEC que corresponde al segundo semestre de 2020, lo que representa que 12 millones de personas se encontraban bajo la línea de la pobreza, de los cuales tres millones son indigentes (el 10% de la población), esto es, no comen lo suficiente. ¡Trágico! El Consejo Coordinador de Políticas Sociales que comandaba la primera candidata a diputada del FDT en la pcia. de Buenos Aires, Vitoria Tolosa Paz, elaboró el “índice de pobreza multidimensional” que contempla las dimensiones de vivienda, hábitat y servicios básicos, educación, empleo y protección social y salud”. Así, el 47% de la población se encuentra en situación de pobreza multidimensional. Y completa que “un 58,1% de la población (45,9% de los hogares) presenta al menos una de estas dos situaciones de pobreza –monetaria o no monetaria– mientras que el 30,1% presenta ambas formas (21,1% de hogares)”.

Lo que está en riesgo no es solamente un Gobierno ni una reelección, sino la desintegración de la sociedad, y no es una exageración…

Soportar otro salto inflacionario sobre estos indicadores sociales sin que desencadene un estallido social, sería imposible. Por eso el riesgo de un conflicto social está latente. Ni hablar si se impusiera nuevamente un modelo neoliberal excluyente. ¿En serio la sociedad considera que la “salida” es otra vez “volver” para atrás con Juntos por el Cambio? Las crisis en el mundo traen emergentes fachistas que al principio parecen caricaturas, hasta que llegaron a convertirse en presidentes–Donald Trump o Jair Bolsonaro- Aquí, un Javier Milie no llegará a esa dimension porque hay otros resortes sociales e institucionales, pero que la sociedad se derechice más es un problema real que condiciona a todo el arco político, no sólo a un sector minoritario o a JxC que se radicaliza para contener la fuga de votos por “derecha”. A menos de dos años del “pasaron cosas”, ganaron una elección a nivel nacional. Hasta hace unos días parecía imposible, pero sucedió.

¿Se puede?

En fútbol, en los torneos importantes, los goles recibidos por el equipo que juega “de local” valen doble para el visitante. La oposición se anotó varios, ahora revertir la historia en noviembre será muy difícil, no imposible del todo. Y lo más grave es que el equipo JXC no “jugó bien”, sino que el FDT los hizo en contra. Además de lo explicado en el plano económico, “se” hizo varios más, a saber… En lo ético, la fiesta clandestina en Olivos y la vacunación salteándose la cola. En lo político, desaprovechó una vez más las PASO. No convocó a la militancia ni les dio a los votantes la posibilidad de elegir entre opciones dentro del Frente, que hubiesen ampliado el espacio. Los sindicatos y los movimientos sociales no tienen un estímulo para “militar” la elección porque no tienen candidatos propios, salvo excepciones.. El electorado propio, en las PASO no “elige” nada. Del otro lado sí lo aprovecharon: ahí está el claro ejemplo de la interna de Diego Santilli y Facundo Manes que le dio sentido a poner el voto. Sólo dos ejemplos valen para el FDT: le fue muy bien en José C. Paz y en Lanús –donde gobierna el jefe de campaña de JXC, Néstor Grindetti-: en ambos hubo internas. Es difícil de explicar que un Frente político que gobierna un país no pueda garantizar una interna ordenada, sin que sus candidatos “se maten” –como Julián Domínguez a Aníbal Fernández en 2015-, y así hacer atractiva las PASO que, vale recordar, las creó el Kirchnerismo, y siempre aprovechó la oposición, desde que Horacio Rodríguez Larreta le ganó a Gabriela Michettti. Es cierto que JXC siempre quiso evitarlas, pero las hizo, y mal no le fue. En Córdoba y en Santa Fe siempre le va bien; con internas le fue mejor.

Fuente INDEC.

Siempre y cuando se cumpla con la condición indispensable que la recuperación económica le llegue rápidamente a la clase media y media baja, hasta aquí le llegó saludablemente y en parte a los sectores más postergados, el Gobierno puede aspirar a dar vuelta en noviembre, en parte, el resultado. Será muy difícil recuperar los nueve puntos que a nivel nacional le sacó JXC. Pero es verosímil pensar en mejorar sustancialmente en varias de las provincias en la que perdió: Buenos Aires, La Pampa, Santa Cruz, Chaco, San Luis, Tierra del Fuego y Salta (virtual empate). Incluso, algunas, recuperarlas. Y aumentar caudal donde ganó, pero perdiendo votos: Formosa, Catamarca, La Rioja, San Juan, Santiago del Estero y Tucumán. Con todo, sería un “excelente escenario” que el Gobierno mantenga en noviembre la correlación de fuerzas actual en el Senado –hoy tiene quorum propio- y en Diputados –primera minoría sin alcanzar el quorum por sí solo-. Hoy, con los resultados de las PASO, pareciera que le quedará una segunda mitad de mandato mucho más adversa, con una oposición que tendrá más herramientas para hacer lo que mejor saber hacer: impedir y generar condiciones de ingobernabilidad.

El Gobierno tendrá que salir para adelante, con medidas económicas más heterogéneas que dinamicen la economía y que le lleguen a la sociedad.

Para ello, el FDT irá a buscar los votos, básicamente, en quienes no fueron a sufragar: el domingo votó el 66,21 por ciento del padrón electoral. En las PASO de 2017 votó el 72,3 por ciento, y en las elecciones generales el 77,61. En 2013 había votado el 76,83 %. Hay un margen de más del 10 por ciento del padrón que podría acercarse a las urnas. Claro, si hay un estímulo para hacerlo…Y además el Gobierno debería lograr que se vuelque ampliamente por el FDF. Eso sí, en noviembre será otra elección: no necesariamente todo el electorado repite su voto. Sabe que allí sí se decide la composición de las cámaras, y ya no hay internas ni tampoco esos partidos que no llegan siquiera a participar.  De hecho, el porcentaje de votación fue menor en las barriadas populares donde el Kirchnerismo es más fuerte: los mejores ejemplos son Moreno -66 %- y Florencio Varela -65 %-. En la tercera sección electoral fue en la única que ganó el FDT -sur y oeste del conurbano-. En la tercera también suele ser fuerte el Peronismo, y aunque el domingo haya perdido, allí faltan votos mayoritariamente de los barrios populares. En ambas votaron menos del 65 % del padrón, por debajo del promedio de esta elección, que ya de por sí vimos que había sido particularmente esacaso. Otro cuatro por ciento votó en blanco o anuló. En la provincia de Buenos Aires, por caso, 20 fuerzas acumularon casi 830.000 votos (más de 10%), pero no llegaron a las generales por no superar el piso del 1.5 por ciento. Si bien la mayoría son partidos de derecha, de ahí también eventualmente puede arañar algún voto más, por ejemplo, el uno por ciento de Guillermo Moreno. En síntesis, “Sí, se puede”.

Para ello el Gobierno tendrá que salir para adelante, con medidas económicas más heterogéneas que dinamicen la economía y que le lleguen a la sociedad. Tiene dos meses, muy poco tiempo. Y lo que haga, comunicarlo bien. El equipo de comunicación de presidencia no debe, por caso, presentar a Alberto Fernández cuando explica la derrota con la canción de fondo que describe “Tal vez parece que me pierdo en el camino”. Si lo hubieran hecho a propósito, no le hubiese salido tan mal. Es un pequeño-gran ejemplo. La comunicación es política. Y el otro desafío que tiene es preservar y fortalecer la unidad en estos momentos difíciles. Si llegara a confirmarse la derrota en noviembre, los pases de facturas y las diferencias se profundizarán. Un buen recurso es hacer jugar más en los territorios a los gobernadores e intendentes; que ellos también sientan que es “su gobierno”. Los posibles cambios en el gabinete, que no garantizan nada, son una posibilidad en ese sentido. Más territorio y más federalismo. Otro punto es recuperar la calle; ahora que la pandemia “casi” lo habilita, el 17 de octubre es una posibilidad. Los medios de comunicación hegemónicos suelen dar noticias falsas, pero a veces dicen verdades: para ellos el riesgo es la radicalización del Gobierno. En ese mensaje está su temor: eso es precisamente lo que debiera hacer el Frente de Todos para volver a enamorar a la “gente”. Quizás así volvamos a tener pueblo con conciencia de clase. No sólo el Gobierno está en juego; primero, la Patria.

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