Cultura política

A 50 años de “Yo vivo en esta ciudad”, de Pedro y Pablo.

Canciones que resisten: el álbum incluía, entre otras canciones, “La marcha de la bronca”.

Por Alejandro Petruccelli

Yo tengo veinte años, nueve hermanos, dos guitarras y una melena. Canto, leo, escribo; soy de Escorpio, de River, de Los Beatles, de Cortázar y de Piazzolla. Yo me llamo Pedro pero me llamo Miguel.
Yo tengo veinte años, estoy en la colimba y estudio arquitectura. Soy Pablo, soy Jorge. Primera guitarra y primera vez que grabo un LP. Soy otro habitante del mundo y también soy de escorpio.

 Así se presentaban Pedro y Pablo en su primer álbum, Yo vivo en esta ciudad, que se editó el 13 de octubre de1970 y se convirtió en un clásico casi al nacer. Gran parte de su repertorio se ganó un espacio en el cancionero popular argentino. Mención especial para La marcha de la bronca , que se convirtió en un himno imperecedero de la resistencia cultural.
La madurez literaria de Miguel Cantilo y las armonías vocales y arreglos de guitarra de Jorge Durietz deslumbraron tanto al público como a los colegas.  Los arreglos de Jorge Calandrelli, que apelaron a una variedad de estilos rítmicos, contribuyeron a generar los climas exactos para acentuar el contenido de las letras que describen, en particular,  a la sociedad porteña   y a sus personajes con una poesía elaborada, con estiletazos de sarcasmo y  mirada fotográfica.

A 50 años de Yo vivo en esta ciudad de Pedro y Pablo, Miguel Cantilo y Jorge Durietz harán una charla en vivo por Instagram
A 50 años de “Yo vivo en esta ciudad” de Pedro y Pablo, Miguel Cantilo y Jorge Durietz harán una charla en vivo por Instagram

Yo vivo en esta ciudad es un disco que compendia de algún modo toda la música que tanto Miguel como Jorge venían escuchando: Simon and Garfunkel, Bob Dylan, The Beatles, Dúo Salteño, Nacha Guevara…
La canción que da título al álbum tiene una clara influencia de María Elena Walsh. Cantilo adoptó la ironía que Walsh le impuso a su tema “¡La policía, mamá! .”La inclusión de un bandoneón le aportó una fibra porteña.
La marcha de la bronca está inspirada en un tema de Bob Dylan, Rainy day woman, donde la mayoría de los versos comienzan con “Te apedrearán”. Miguel tomó esa idea y utilizó la palabra “bronca” para introducir todas las estrofas de la canción, que es una síntesis de las rebeldías de un adolescente que apuntaban contra la opresión de la dictadura de Juan Carlos Onganía y las clases sociales beneficiadas por el gobierno militar.
En ¿Dónde va la gente cuando llueve? conviven las imágenes de personas refugiándose de la lluvia con aquellas como “la señora de arpillera” y “el chico del harapo”, que no tienen dónde guarecerse.
Con ropa de varón es una canción que tiene su origen en una charla entre Miguel Cantilo y Facundo Cabral sobre el erotismo que despertaba ver a una mujer con pijama de hombre.
En Asociación Modelos  Argentinas, si bien sobrevuela la ironía,  hay un reconocimiento a la lucha de un grupo de mujeres  que lograron agremiarse en plena dictadura.
Andando a Caballo,  una bossa nova con letra y música de Jorge Durietz, aporta el paisaje  más romántico del disco.
Johnny Bigote (puede leerse como yo ni bigote) es una burla a Onganía y su escaso “rizo facial”. La letra juega con la necesidad de contar con un bigote importante, muy utilizado por policías y militares, para proyectar un rasgo mayor de autoridad.
¡Guarda con la rutina!, inspirada en la película Nadie oyó  gritar a Cecilio Fuentes, dirigida por Fernando Siro y basada en un cuento de Dalmiro Sáenz, apunta a la secuencia de hábitos que se convierten en una “carabina que tira a repetición”.
Che, Ciruja, describe las penurias de los que mendigan por las calles buscando el “mendrugo final” para subsistir.
Tanto La quimera del confort (inicialmente llamada Estamos enterrados hasta las patas) como Vivimos, paremos, abordan el frenesí consumista de un sector de la sociedad, que iba desde  la compra de electrodomésticos en cuotas hasta el apego a las series norteamericanas.
Los perros homicidas, originalmente bautizada como Los perros policías, título que el dúo resignó para poder editarla, utiliza el humor sarcástico para alivianar el contenido del mensaje que describe el acoso cotidiano al que eran sometidos los jóvenes por las fuerzas de seguridad.
Yo vivo en esta ciudad es un álbum que no sólo nos proyecta medio siglo atrás, sino que también interpela e invita a reflexionar sobre las marchas y contramarchas que moldearon a la sociedad argentina actual, donde habitan la bronca y la esperanza.

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