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Pobreza y desigualdad en tiempos de Milei

El gobierno de Javier Milei celebró la caída de la pobreza al 28%, lo que la ubica en su nivel más bajo en siete años, según los datos presentados por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec).

Por otro lado el presidente en la red X posteo que nuestro país está mucho mejor que en el año 2023. Pero nada de lo que dice es cierto.

Pero analicemos los datos de una manera más profunda y en contexto.

La metodología de la medición del Indec es criticada por muchos especialistas ya que:

  • Toma como base los patrones de consumo de los hogares en el periodo 2004 al 2005 y es evidente que esos patrones cambiaron sensiblemente en estos años.

En veinte años aumentaron estrepitosamente los gastos en servicios básicos (gas, luz, agua, teléfono, etc.) y medicamentos y hoy implican un porcentaje muy superior al 2004/2005.

  • Además no se toma en cuenta el valor de los alquileres. Según quien lo mida las familias que alquilan van del 20% al 50% de la población.  

El propio Indec en los últimos diez años consigna que el alquiler aumento casi el 100%. Pero el organismo no considera este enorme gasto para el cálculo de la pobreza.

Si tomáramos los patrones de consumo de los últimos diez años y no los de los últimos 20 como se hace actualmente, la incidencia de los alquileres implicaría una pobreza cercana al 40%.

Si estimamos que en cada hogar viven cuatro personas la pobreza llegaría a casi el 50% de la población argentina.

Una cosa es lo que se mide y como se mide y otra muy distinta es la realidad.

El Indec con su método de cálculo deja afuera a más de seis millones de argentinos. Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina llamó la atención sobre las limitaciones estructurales del método de medición.

El resultado es paradójico: «La gente deja de ser pobre porque puede pagar servicios, pero no porque tenga más capacidad de consumo», sintetizó Salvia. El nivel de consumo de alimentos viene bajando notablemente mientras las tarifas de servicios suben permanentemente.

Casi cuatro millones de hogares, si bien no son pobres tienen ingresos que los ubican muy cerca de serlo. Entonces entre pobres y quienes tienen ingresos menores a la media llegaríamos a un 81% de personas en situación de pobreza.  

El ocaso de la clase media es más que claro, solo hay un 19,2% de las personas que viven en hogares con ingreso per cápita familiar mensual entre $766.864 y $1.533.728.

Casi el 75% de la familias argentinas está por debajo del ingreso medio. Sólo el 6% está por encima del millón y medio de pesos que se toma como medida. ¿Alguien puede decir que es clase media con ese ingreso?

Con estos datos es evidente el nivel de desigualdad que hace que la mayoría seamos pobres o estemos muy cerca de serlo, una ínfima minoría podría denominarse clase media y sólo unas pocas personas son ricas. Solo hay un 1% de personas que vive en hogares con ingreso mensual per cápita de 3 millones de pesos.

Para ser considerado de clase media en la Ciudad de Buenos Aires en abril de 2026, un hogar necesita ingresos por al menos $2.200.000 mensuales. Esto significa que el ingreso de una sola persona en el “1% más rico” supera el presupuesto total de una familia tipo de clase media.

La consultora Equilibra en un informe aseguró que los cambios en la forma de relevar ingresos a través de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) habrían “exagerado” la mejora, ya que no reflejaría plenamente la realidad económica.

Sobre la dimensión estructural del problema, Salvia no dejó lugar a interpretaciones optimistas: «El empleo privado está estancado, el público cae y hay más empleo informal y precario». En ese marco, consideró que el país atraviesa una situación de estancamiento social: «No hay una crisis alimentaria, pero tampoco hay una tendencia a mejorar. Estamos cristalizando un 25% o 30% de pobreza estructural» (La pobreza estructural es una forma de pobreza crónica y persistente, caracterizada por la carencia de infraestructura, servicios básicos y bajos ingresos, lo que perpetúa la exclusión social de generación en generación)

Marcelo Colombo, presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, advirtió sobre el deterioro de la situación social y afirmó que se incrementó la cantidad de personas que recurren a pedir ayuda. La clase media, los jubilados y las personas con discapacidad son algunos de los sectores que más están sufriendo la situación.

pobreza infantil argentina
Tener trabajo en Argentina no evita caer en la pobreza

Un trabajador pobre es aquel que, aun teniendo un empleo, con su salario no puede salir de la pobreza. El salario mínimo en el país alcanzó  niveles inferiores a los registrados en la crisis de 2001.

El estudio privado del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana de la Fundación Mediterránea, informó que uno de cada cinco trabajadores en Argentina es pobre.

Según el último “Panorama del empleo informal y la pobreza laboral”, publicado por el Instituto Interdisciplinario de Economía Política, la cantidad de “trabajadores pobres” aumenta a uno cada tres entre las personas con empleos informales.

En los primeros seis meses de gobierno de Milei, la pobreza trepó 11 puntos, alcanzando casi el 53% de la población, la cifra más alta en dos décadas, cifras solo comparables a la salida de la crisis de 2001.

La Encuesta de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA) sostiene que casi el 20% de los ocupados se encuentran en situación de pobreza y que el porcentaje llega a casi el 30% entre los ocupados en el sector informal.

Entre los trabajadores por cuenta propia, la pobreza es de casi el 30%. Los profesionales tienen índices de pobreza iguales a los trabajadores formales, mientras que los trabajadores menos calificados, como los repartidores de plataformas, están cerca de los trabajadores informales.

Los trabajadores formales representan hoy menos de la mitad de las personas empleadas y cada vez son menos, según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

La enorme informalidad laboral debilita los salarios en Argentina. Unas 6 millones de personas trabajan informalmente, sin tener derechos laborales básicos como cobertura de salud, licencias o aportes jubilatorios, según datos de la OIT. Esta situación afecta con mayor fuerza a las personas jóvenes y a las mujeres

En las últimas décadas, en Argentina cayó la movilidad social ascendente, que implica que los hijos puedan alcanzar una mejor situación económica que la de sus padres. Según la UCA, cuatro de cada diez encuestados aseguran estar peor que sus padres.

En medio de esta situación hay un dato que a todas luces es inmoral, el 10% más rico gana 13 veces más que el sector más pobre. Así lo reflejan los datos del Indec. La mitad de los trabajadores ganó menos de $800 mil mensuales.

Hay niveles récord de atraso en los pagos de las cuotas en los créditos y préstamos, la mayor mora es en los montos más chicos de préstamos (es decir, quienes más se endeudan son los que menos ingresos tienen y los que menos pueden pagar las cuotas de las deudas).

Cae el poder de compra del salario desde 2017 de manera sostenida, acumulando un derrumbe del 38% en el salario mínimo real entre noviembre 2023 y febrero 2026, situándose por debajo de los niveles de 2001. Pierde casi 10% la jubilación mínima con bono contra noviembre de 2023 y cae el poder de compra de la AUH con respecto a la canasta alimentaria.

Hay una enorme diferencia entre los salarios formales registrados en el Índice de Salarios del Indec y los que informa la Encuesta Permanente de Hogares del propio Indec. Los primeros son notablemente más bajos que los segundos. Pero son los segundos los que se utilizan para determinar quién es pobre y quién no.

Milei se la pasó los últimos meses, diciendo según el día, que rescató a 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14 o 15 millones de argentinos de la pobreza. El presidente aumentó los aportes de la Asignación por Hijo y de la Tarjeta Alimentar, dos políticas de gobiernos anteriores que el criticó severamente. Pero nadie podría seriamente afirmar con argumentos que hay 25% menos de pobres que en diciembre de 2023.

Las perspectivas no son para nada alentadoras. Muchos especialistas coinciden que la pobreza estará condicionada por tres variables:

  • Inflación, especialmente en alimentos
  • Salarios por debajo del Índice de Precios al Consumidor (Los sueldos del sector privado vienen perdiendo con la inflación, los precios de los alimentos y la canasta básica).
  • Flexibiliazión y desmejora del mercado laboral, con mayor subocupación y desempleo.

Con este panorama aunque hubiera desaceleración en la inflación, el poder adquisitivo de los sectores más vulnerables no mejorará. La pobreza estructural entonces no sólo se consolida sino que tiende a aumentar.

La pobreza estructural infantil, afecta al 41,3% de los menores de 14. La Indigencia: Se ubicó en 6,3% en el segundo semestre de 2025, con un ligero aumento en jóvenes de 15 a 29 años.

Cada dato tiene un rostro, una mirada desesperada que no aparece en los discursos y diatribas de Milei y sus funcionarios, que celebran una baja de la pobreza que no se ve en la vida real. Además en todo caso mientras haya un niño pobre no hay nada que festejar.

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