El ministerio de Guerra de Trump
Peter Brian Hegseth, es actual Secretario del Departamento de Defensa, o como le gusta decir a Donald Trump, Departamento de Guerra. En el 2003 fue designado oficial de infantería de la Guardia Nacional de Minnesota y fue enviado a pelear durante las guerras de Iraq y Afganistán. Durante la primera presidencia de Trump fue parte de su equipo de asesores. A partir de 2014 pasó a las filas de la cadena de televisión ultraconservadora Fox, donde fue co-presentador del programa Fox and Friends. A pesar que Hegseth llevaba a cuestas acusaciones de conducta sexual inapropiada, malversación financiera y consumo de alcohol en exceso, Trump lo nombró Secretario de Defensa en el 2024.
Hegseth, las semanas pasadas protagonizó una escena vergonzosa durante la ya acostumbrada plegaria frente a jefes militares, cual pastor evangélico y violando la separación de la iglesia y el Estado, la que fue utilizada por varios cómicos de programas nocturnos para burlarse del funcionario. El verso de la Biblia que Hegseth leyó provenía, según él, de Ezequiel 25:17. El rezo era dirigido a los soldados que se encuentran peleando en Irán. Resultó que esa plegaria era parte del libreto de la famosa película de ficción de Quentin Tarantino, Pulp Fiction, en donde el actor Samuel Jackson apuntando a alguien antes de asesinarlo a tiros, recita este párrafo religioso que es creación de los escritores de la película y no un verso de la Biblia.
Hegseth pertenece a ese montón de funcionarios que quieren imponer la fe cristiana y la supremacía blanca a una nación multicultural, multilingüe y multiétnica como es los Estados Unidos. Según el New York Times, en un artículo titulado “Hegseth invoca el propósito divino para justificar el uso de la fuerza militar”, el funcionario describe las operaciones contra los carteles, incluyendo los bombardeos a las embarcaciones en el Caribe donde asesinaron a 157 personas, todo como parte de “una guerra mayor en defensa de las naciones cristianas contra las fuerzas laicas narcocomunistas y tiránicas”. Además, luego del asesinato de Charlie Kirk en septiembre del año pasado, Hegseth posteó un video en el que mezcla su voz en audio rezando, superponiendo un video de misiles, embarcaciones de guerra y soldados paracaidistas cayendo del cielo.


Ni bien asumió como Secretario de Defensa, echó a periodistas experimentados que cubrían noticias del Pentágono para agencias como NPR, New York Times, Político y NBC News, y les cedió su espacio de oficinas a periodistas “amigos”.
En octubre pasado, exigió a los periodistas que permanecían en sus puestos, que firmaran un documento en el que se comprometían a difundir sólo información aprobada con anterioridad por el Pentágono. Si se rehusaban, deberían entregar sus credenciales de acceso al Pentágono. Así fue que la mayoría de los reporteros se retiraron voluntariamente de su lugar de trabajo, ya que no contaban con la libertad de prensa fundamental para informar al público. Durante sus escasas conferencias de prensa, menciona la biblia e insulta a periodistas. Hegseth se queja de que los periodistas no publican historias de heroísmo militar y acusa a la prensa de ser partidaria, justificando así la restricción del acceso a la información.
Si hay algo que los funcionarios de este segundo mandato de Donald Trump han mostrado abiertamente, es que ya no les importa justificar las intervenciones y bombardeos. En el gobierno de George Bush hijo hubo un intento de mostrar la legalidad de la invasión a Iraq, enviando al Secretario de Defensa a hablar ante las Naciones Unidas y presentarse como salvadores de la democracia y la seguridad mundial. En marzo, en una conferencia de prensa, Hegseth dijo que los militares estadounidenses harán “llover muerte y destrucción desde el cielo”; que ya no se regirán bajo “las estúpidas reglas de enfrentamiento”, refiriéndose a las reglas que se deben seguir mientras se participa en conflictos bélicos.


Al comienzo de su mandato en la Secretaría de Defensa, Hegseth protagonizó un escándalo que en cualquier otro país democrático hubiese sido motivo de despido. El funcionario agregó accidentalmente al periodista Jeffrey Goldberg en un chat de Signal, en donde brindaba información confidencial sobre planes de bombardeos en Yemen. poniendo así en riesgo la seguridad de aquellos militares que participaban de la misión. Entre la información publicada en el chat se encontraban el tipo de armas a utilizar, y exactamente quiénes y cuándo iban a volar a Yemen.
Esta semana, y en medio de un combate entre embarcaciones militares para liberar el paso del estrecho de Hormuz, el jefe máximo del US Navy, John Phelan, renunció a su puesto. No queda claro si su renuncia fue voluntaria o forzada. Esto es la culminación de una seguidilla de remociones de oficiales de alto rango en el Pentágono. Phelan es un financista sin experiencia militar quien fuera designado en su puesto por Trump, para incrementar la construcción de embarcaciones militares. Phelan enfrentó problemas de personal en su oficina, entre remociones y renuncias, también Hegseth le quitó tareas esenciales de su puesto de trabajo.
El Pentágono a cargo de Hegseth sufre sacudidas permanentes. En febrero, en medio de su discurso y para dejar en claro que la guerra cultural fue llevada por él al Pentágono, dijo: “No más DEI (diversidad, equidad e inclusión), no más tipos en vestidos, no más cambio climático, no más justicia social, o lo políticamente correcto. Terminemos con todo esto. Queremos que los soldados sean letales, entrenados, disciplinados y listos”. Cabe aclarar que Hegseth ha bloqueado la promoción de oficiales mujeres y personas “de color” y prohibido a militares transgénero.
Pete Hegseth es uno de los tantos funcionarios que se encuentran en sus altos puestos solo por la lealtad absoluta a su líder Donald Trump. Estos empleados de Trump son incompetentes y con nula experiencia para ocupar cargos de Gobierno. Sus mandatos, en general cortos, están plagados de escándalos sexuales, abuso de alcohol, nepotismo, amiguismo, aduladores y corruptos.










