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El escenario regional en la post-pandemia frente a la creciente competencia entre China y Estados Unidos

Por Mariano Treacy

¿Tendencias agravadas por la pandemia?

La crisis de 2008 quizás quede en la memoria colectiva y en la historia económica mundial como un punto de inflexión, al igual que otras grandes crisis mundiales como las de 1929 o 1973. El patrón en todas ellas es que han sido el embrión de las grandes transformaciones del capitalismo. Desde 2008 se vienen desarrollando algunas tendencias que la pandemia sólo tendería a agudizar. Este escenario abre interrogantes sobre cómo se configurará el capitalismo en la post-pandemia y la forma que adoptará, si es que ocurre, el “gran desacople”, como algunos analistas han denominado al desarme de la globalización.
La primera tendencia, caracterizada como una desaceleración de la globalización, consiste en el estancamiento del crecimiento de los flujos del comercio y de movimientos de capitales. Desde 2008, la mayoría de los países han endurecido sus políticas proteccionistas y el comercio internacional ha crecido a una tasa tres veces menor a la que venía creciendo previo a la crisis. Otra de las grandes tendencias se vincula con el creciente conflicto entre las potencias antagónicas de nuestra era: Estados Unidos y China.

El “gran desacople”: algunos analistas han denominado así al desarme de la globalización.

Desde la década del ‘80, en el marco de la globalización, ambas economías se integraron productiva y financieramente. La internacionalización de la producción, sin embargo, ha provocado un incremento de los riesgos geopolíticos en el marco de la nueva caracterización de China como una amenaza para la seguridad nacional norteamericana. Debido a esto, en los últimos años se desarrolló cierta tendencia al desacople, que consiste en el desarme de algunos segmentos estratégicos de las cadenas globales de valor, como componentes tecnológicos e insumos clave. Detrás de estos movimientos, se esconde el declive de la hegemonía de Washington y del consenso internacional que construyó tras la caída de la Unión Soviética, y el ascenso irrefrenable de la República Popular China con un liderazgo científico, tecnológico, económico, financiero y bélico indiscutibles.

¿Hacia una post-globalización y un nuevo consenso en la política exterior internacional?

La pandemia ha puesto en evidencia la crisis de dos de las grandes verdades que forjaron la narrativa histórica de los últimos tiempos: la de la globalización neoliberal, en tanto respuesta de dominación y acumulación, y la de Estados Unidos en el centro del sistema de poder internacional.
En actualidad se discute si se está gestando un nuevo consenso en la política norteamericana bajo un orden post-neoliberal, que identifica que la apertura económica internacional de las últimas décadas ha sido imprudente ya que ha perjudicado a los trabajadores nacionales e incrementado la desigualdad económica. En el marco de este orden post-neoliberal, Donald Trump representaría una versión de derecha (etnonacionalista, antidemocrática y con tendencia al autoritarismo) y Joe Biden una versión de izquierda (tomando la agenda social y laboral y la ambiental con el impulso del Green New Deal).

La política exterior de China también ha estado marcada por continuidades y se ha caracterizado por fuertes dosis de pragmatismo y estabilidad. Xi Jinping (2013-) ha heredado una larga tradición diplomática que se sintetiza en la estrategia de 24 caracteres o Tao Guang Yang Hui, de ascenso pacífico y paulatino con miras a 2049, cuando se cumplirán los 100 años de la República Popular. El gobierno de China ha mostrado una fuerte vocación por ser un actor principal en la configuración de las reglas e instituciones de la gobernanza global, y en los últimos años se ha posicionado como el principal socio comercial y como un actor geopolítico clave mediante acuerdos como la Asociación Económica Integral Regional (RCEP), la Zona de libre comercio de Asia-Pacífico (FTAAP) y la Nueva Ruta de la Seda (BRI).

¿Qué perspectivas existen para fortalecer la integración latinoamericana?

La actual pandemia agudizó las desigualdades propias de la economía neoliberal y dejó en evidencia la necesidad de contar con sistemas nacionales que garanticen el acceso a bienes y servicios esenciales. Quizás, uno de los principales efectos de la situación actual sea un cambio de las mentalidades alrededor del mundo, que nos permita una confrontación frontal con los límites del modelo social, económico y político del capitalismo en su fase neoliberal. A pesar de estas tendencias cabe preguntarse si es “cerrable” la globalización o si, en su lugar, nos estamos dirigiendo a una “globalización con geometría variable”, como ha manifestado Alvaro García Linera (2020).
En los años por venir, los Estados tendrán que asumir un rol más activo para conquistar crecientes espacios de soberanía energética, alimentaria, sanitaria, de telecomunicaciones, industrial y financiera, si quieren garantizar derechos humanos para sus ciudadanos.  Las transformaciones deben apuntar al fortalecimiento de los mercados locales y a la creación de cadenas de provisión y abastecimiento nacionales o regionales.

El ascenso de China construye un contrapeso a la hegemonía norteamericana y representa una amenaza a su influencia en América Latina.  En el marco de la disputa entre las dos potencias es altamente probable que de aquí a unos años se vaya solidificando la “doble dependencia”, y que ambas potencias exijan posicionamientos más definidos. El temor por el crecimiento de la influencia china puede llegar a generar condiciones similares a las de la posguerra, cuando Occidente debió ofrecer y permitir el desarrollo de herramientas que mejoraran el bienestar interno de los países del entonces llamado “Tercer Mundo”.
Una precondición para lograr un mejor posicionamiento internacional es el fortalecimiento de los procesos de integración regional. La falta de liderazgos regionales y la fragmentación actual atentan contra la necesaria unidad. Es necesario reconstruir las instituciones regionales y lograr una nueva articulación política con el resto de los líderes de la región para darle forma a una voz unificada frente a otros interlocutores. Debe resurgir con más fuerza el proyecto integracionista de América Latina porque pueden desarrollarse ventajas geoestratégicas si se conquistan esos espacios de autonomía.

Mariano Treacy. Economista y Doctor en Ciencias Sociales (UBA). Investigador y Docente de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS).

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