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Panorama político: El Presidente, en campaña

Dirigentes políticos, comunicadores y analistas sostienen que Mauricio Macri actúa más como candidato que como Presidente, y le reclaman que gobierne, porque todavía hasta el 10 de diciembre él es el responsable de la gestión. Y en parte es cierto, pero sólo en parte. En realidad, Alberto Fernández ya actúa como lo que es: el nuevo Presidente de la República Argentina. Más allá que falte la “formalidad” de las elecciones de octubre, y que por lo tanto no tenga responsabilidad alguna en las decisiones que toma Cambiemos, lo cierto es que el voto popular de las PASO sentenció el traspaso del poder anticipado de Macri, quien quedó vaciado de poder político, a Alberto. Por eso es que el candidato electo del Frente de Todos “hace campaña” con sus primeros actos de Gobierno, tanto en el país como en el exterior, con los actores locales o internacionales.

Alberto Fernández es recibido en Europa y por los representantes de los actores económicos como lo que es, el Presidente electo.

El Presidente electo realizó una primera gira internacional por Europa, visitando España y Portugal. No sólo por el hecho simbólico de haber sido acogido al grito de Presidente en el Parlamento español, sino porque fue recibido por el presidente del Gobierno en funciones de España, Pedro Sánchez; esto es, una monarquía parlamentaria de Europa se reúne con un “candidato” de un país lationoamericano antes de ser el elegido formalmente como Presidente. Extraño caso de generosidad. Acto seguido, el primer ministro de Portugal, Antonio Costa, también le dedicó una atención especial a Alberto. No son sólo actos protocolares, sino verdaderos “espacios bilaterales” donde se discuten políticas de cara al futuro inmediato. Fernández se despega, a la vez, del FMI, que también brega por reunirse con él. En este caso si bien implica otro gran reconocimiento de quién es quien ya detenta el poder, es también una manera de querer condicionarlo, pretendiéndolo acercar a posturas más ortodoxas. Alberto contesta en Europa lo mismo que afirma aquí: “No existen coincidencias de política impulsadas por el FMI. El acuerdo no ha logrado revertir ninguno de estos problemas y en algunos casos no ha hecho más que profundizarlos, -como- el del endeudamiento público”. Y responsabiliza al gobierno de Macri y al FMI, que no le entrega el “último desembolso porque sabe que ya no tiene poder.

Alberto Fernández con los representantes de la UIA y la CGT.

En el ámbito local, “desfilan” por la oficina de Alberto representantes de los principales actores del poder económico. La tristemente célebre Mesa de Enlace, constituida por las cuatro centrales vinculadas “al campo” para condicionar con un bloqueo económico al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, visitó al candidato del Frente de Todos y destacó su capacidad de diálogo. No fue la reunión con un presidenciable más, simplemente porque el “suyo” era Mauricio Macri. La poderosa Unión Industrial Argentina, con su titular Miguel Acevedo de Aceitera General Deheza a la cabeza, profundizó el acercamiento al “nuevo Presidente”. De la reunión también participó la CGT, por intermedio de uno de sus secretarios generales, Héctor Daer. Ya está instalado políticamente en los medios que, durante los primeros cien días de Gobierno, Alberto ejecutará la línea política que trazara Cristina antes de elegirlo como “el candidato”: “Es necesario un contrato social de todos los argentinos y argentinas”. Habrá aumento de jubilaciones y salarios para que no sean absorbidos por la inflación para revitalizar el mercado interno, esto es, “encender la economía que Macri apagó”. Otro de los industriales más poderosos, Paolo Rocca de Techint, aseguró: “La gente no quiere planes, quiere empleo”. Otra posición política de empresarios tan interesante como impensada hace unos meses, cuando todavía se peleaban por reclamar la baja de salarios para aumentar su tasa de ganancias, claro que bajo el argumento que los costos laborales son elevados y así, supuestamente, no podrían competir. El salario mínimo, vital y móvil es hoy en Argentina de sólo u$s 259; con Cristina había llegado a los u$s 607. A eso vino Macri: «Cada uno tiene que cobrar lo que corresponde, nadie puede pretender cobrar más de lo que vale su trabajo porque deja a cientos de miles de argentinos sin trabajo (sic)». Siempre había pensado lo mismo: “Lo que tenemos que hacer es bajar los costos, y los salarios son un costo más”.

El primer ministro de Portugal, Antonio Costa, recibió a Alberto Fernández.

Alberto Fernández se da el gusto de diferenciarse de Macri actuando como un verdadero Jefe de Estado, y se dirige a todos los actores sociales. En el día de la maestra y el maestro, le habló a la sociedad reivindicando la importancia de la educación pública, sector particularmente maltratado por la gestión Macri; lógico, la docencia es uno de los gremios que más resistió sus políticas neoliberales. Lo mismo con la crisis alimentaria; conduce a su espacio político para que encabece la sanción del proyecto de ley de Emergencia Alimentaria –ya aprobada en diputados-. A quienes priorizan con personalismos las disputas por espacios de poder con proclamas extemporáneas, les otorga el espacio que le corresponde. Así fue con el dirigente de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), Juan Grabois, quien le trajo un pequeño ruidito en los medios con su declaración a favor de la reforma agraria. Extraño, hacía unos días había dicho que no eran tiempos de tal reforma; unos días después se “cortó” solo, y de forma nada orgánica, como correspondería a un dirigente que forma parte de un Frente, se “descolgó” con el planteo. Conclusión, no se discute el tema en los ámbitos y atendiendo las correlaciones de fuerza actuales.  Totalmente funcional a los sectores que combate. Desde los medios hegemónicos no se toman el trabajo de analizar las posiciones políticas de los dirigentes ni a quiénes representan; no identifican a las distintas agrupaciones, el objetivo es “pegarle” al Frente de Todos. Grabois colaboró. Más interesante y productivo sería el planteo de cómo revitalizar a un sector como la agricultura familiar y los pequeños productores responsables de la producción local de alimentos, que se encuentran al límite de la subsistencia por las políticas macristas. Claro, cuando este sector era priorizado por el gobierno de Cristina con una Secretaría y ley propias, Grabois era “opositor”. Quizás ese rol le resulte más cómodo, el oficialismo siempre requiere mayor responsabilidad.

Macri ya no conduce siquiera a su propia tropa.

Por otro lado, quien sí es formalmente el Presidente, hasta el 10 de diciembre o al menos el 27 de octubre, no conduce ya siquiera a su propia tropa. El Jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta se despega todo lo que puede para garantizar su triunfo en la Ciudad y desde ahí poder reconstruir una fuerza de derecha otra vez desde un partido vecinal. Él sí tiene visión política de mediano plazo. Algo parecido a lo que le sucede a la gobernadora de Buenos Aires, ya despojada de la “capita” protectora de los medios de comunicación, María Eugenia Vidal; ella necesita “perder decorosamente” –difícil- para posicionarse a futuro desde algún lugar legislativo en 2021 y “conducir” a la derecha junto a Larreta. Ya no reconocen a Macri como su conducción. A él no “le da el piné para eso ni tampoco parece querer” pensar hacia adelante. En el mejor de los casos terminará su mandato profundizando la crisis económica y social que generó. aunque después tenga que cumplir “una” de sus promesas: irse a vivir a Italia, porque aquí le será difícil transitar por la calle. En ese sentido, el Poder Judicial empieza a enviarle las primeras señales de la pérdida de poder con el Correo y los corredores viales; veremos si hace justicia.

Así, el actual presidente Macri no gobierna, ni siquiera puede hacer campaña. Mientras tanto, el Presidente electo, está en campaña (de Gobierno). Alberto Fernández sale a buscar más votos haciendo verdaderos actos de gobierno nacional e internacionales: a ampliar su base de sustentación política para asumir con más poder para realizar las transformaciones políticas y económicas necesarias.