Cultura

La posficción debuta, como El Tigre Verón, en la campaña electoral

Con el debut televisivo de la serie El Tigre Verón de Pol-ka, la productora de Adrián Suar, que se pasa por canal 13 y TNT, debuta también lo que podemos llamar la posficción, pariente directa de la posverdad, con la que comparte en su ADN la utilización de la parte irracional de los electores, sus sentimientos, para dispararlos hacia donde el generador de contenidos quiera.

Según el escritor Pablo Acha: “Mientras la posverdad construye una ficción a partir de ocultar datos reales para imponer una mirada subjetiva dominante, la posficción se vale de la realidad y utiliza a la ficción como vehículo para interpelar a una verdad interior del receptor y así generar, también, una mirada subjetiva dominante. Para ello, no solo se limita a cambiar nombres o escenarios sino que además suma al subjetivo ´nuevas síntesis´, a partir de tamizar la verdad a través de la ficción”.

Entonces, cuando vemos que El Tigre Verón trata sobre un sindicalista de la carne, corrupto, perseguido por la justicia, rodeado de mafiosos y en el marco de una escenografía a la que no se le escapan imágenes del peronismo, podemos pensar que Suar no se esmera mucho para generar un estereotipo a la medida del pensamiento gorila.  Aunque, cuando ello coincide con el discurso demonizante de gran parte del Gobierno, hacia el sindicalismo opositor que le puede aguar su proyecto de reforma previsional, y que la serie El Tigre Verón se transmite por uno de los medios de discurso hegemónico en plena campaña electoral, suena a posficción.

Tal es así que Daniel Llermanos, defensor del sindicalista Hugo Moyano, inició una demanda en el Fuero Civil contra Adrián Suar y al actor protagónico de El Tigre Verón,  Julio Chávez. Llermanos declaró en Radio Cítrica que: “Ya no alcanza con las fake news, ahora se hacen también ficciones de muy mala fe, violando los derechos posiblemente patrimoniales”.

La profesora de Historia y ex Secretaria Pedagógica de un sindicato docente, Susana Colli, sostiene que “Para la posficción, se toman elementos reconocibles de un hecho de la realidad, situación o persona: características, gestos, escenarios, etc., con la intención de que el espectador identifique, en la ficción, costumbres que luego va a asociar de manera subliminal al sujeto a demonizar en la vida real. Así la ficción alimenta un estereotipo, en este caso de un dirigente gremial, con el objetivo de desacreditar toda acción sindical”.

Llermanos aseguró que Moyano “quiere que registre el impacto que genera esto en la familia, el bullying que pueden sufrir sus hijos y nietos. Porque esto genera violencia como las fake news; la serie El Tigre Verón contribuye a generar violencia y sabemos que los locos también existen” y agregó: “No se dice que es Hugo Moyano, pero ese Tigre Verón es Moyano deformado, un Moyano absolutamente mafioso”.

Por citar otro caso en la región sobre la utilización de la posficción en tiempos electorales, podemos recordar la denuncia del ex presidente de Brasil, Lula da Silva, a la plataforma Netflix por utilizar con fines políticos electorales la serie “El mecanismo” que recreó el caso Petrobras. En su momento el ex mandatario declaró que: “Las licencias creativas de los guionistas perjudican mi imagen y a la izquierda. Es una mentira más que me difama junto a otras a personas del panorama político”. Netflix llegó al extremo de poner en la serie, en boca de Lula, diálogos sacados directamente de escuchas policiales que pertenecían a otros políticos.

Entre los “11 principios de la propaganda de Joseph Goebbels”, que ocupó el cargo de ministro para la Ilustración Pública y Propaganda de Hitler, figura el Principio de transfusión: por regla general la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales; se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.

La utilización de la posficción debuta en la campaña electoral 2019, junto a la realidad virtual, las fake news, la posverdad, los videos “casuales” enviados a los grupos de WhatsApp y todos aquellos métodos espurios con los que se pretende manipular nuestras decisiones. Por lo que vemos, por lo que consumimos y por lo que sentimos, no por lo que somos. Y esto ocurre en un escenario mediático en donde hasta los guardianes de la verdad son entronizados por aquellos que tienen un solo fin: ocultarla.

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