Cultura

Carlos Alonso, el pintor que no nos deja olvidar

Por Gabriel Súnico

Casi sesenta cuadros y una instalación, distribuidos en tres ejes centrales, recorren parte de la vida de Carlos Alonso, y la nuestra.

Visitar la muestra del pintor argentino Carlos Alonso es estremecedor. Lo mismo ocurre para el que ya conoce su trayectoria como para aquel que por primera vez se enfrenta a su obra. Y no solo me refiero a los cuadros que hablan (sí, nos cuentan) de las épocas más negras de la historia represiva argentina, sino también con los que homenajeó a maestros como Van Gogh o Spilimbergo. Todos los expuestos son imponentes.

Casi sesenta cuadros y una instalación, distribuidos en tres ejes centrales, recorren parte de la vida de Carlos Alonso, y la nuestra. Para el visitante, es mejor comenzar por la izquierda en donde se encontrará con la parte de la muestra titulada “Pintura y tradición”, con una serie de collages y pinturas que rinden tributo a quienes lo influenciaron en su formación.

Luego, siguiendo en la misma dirección, nos encontramos con una serie dedicada a los niños, que según cuenta el autor “fue realizada a raíz del impacto que me causó, en el año 1954 cuando visité Santiago del Estero, ver a esos chicos con la panza hinchada y el cuerpo  flaquito muertos de hambre”. Básicamente en blanco, negro o sepia y con algunas pinceladas de color, se pueden observar a niños que en un principio se los ve jugando inocentemente para luego transformarse en la imagen cruda de la desnutrición o la pobreza.

“Hay pintores que necesitan pintar bajo la luz de esta idea de redimir a los que más necesitan.”- sostiene el artista.

Siguiendo el recorrido se llega al sector de “Realidad y memoria”, que comienza con obras que rememoran la muerte del “Che” Guevara, son reformulaciones de la famosa foto con la que se lo exhibió ante el mundo. Para pasar luego a la época de la represión. Imágenes de mujeres desnudas sobre la tierra y militares que aparecen desde la sombra. Tremendo. Más teniendo en cuenta que Alonso tiene a su hija Paloma desaparecida en la dictadura. En ese sector hay cuadros alegóricos a la censura, al secuestro de niños y la tortura.

Desde allí, cerrando el círculo que nos acerca al lugar por donde entramos, nos encontramos con la interpelación de una cantidad de imágenes que están relacionadas con la carne. Inmensas medias reses nos hacen reflexionar sobre la historia argentina. El tema de la carne como hilo conductor que va desde el cuento El Matadero, de Esteban Echeverría, el pacto Roca-Runciman, hasta Samid (como para entender la actualidad de la obra). Hombres oscuros, adinerados, nos miran y sonríen detrás de las reses.

“Cuando tratás a la pintura de una manera cargada de esta problemática que no conduce a la decoración sino a la conciencia de las personas, perdés un 90 por ciento de los clientes”- Aclara el pintor para justificar el hecho de haber sido el autor de cientos de ilustraciones de libros, para sobrevivir.

Por otro lado, en el medio del salón se puede apreciar lo que es la reconstrucción de la instalación “Manos anónimas”, obra que fue armada en 1976 en este mismo museo, pero que el público no alcanzó a acceder a ella porque la muestra fue suspendida por el golpe cívico- militar. Carlos Alonso, en aquellos años, creaba en distintas casas, ayudado por amigos que lo cobijaban bajo su techo, en este caso una pareja de artistas de General Villegas (en donde hoy existe el Museo Carlos Alonso), los Carrozzi, que lo ayudaron con la muestra, que a partir de la prohibición estuvo abandonada por años hasta su actual reconstrucción.

A sus 90 años, Carlos Alonso, nos pone delante de un espejo borgeano que al mismo tiempo nos muestra lo que fuimos y lo que somos. Y nos alerta sobre lo que podemos llegar a ser.

La muestra  estará hasta el 14 de julio, en el Museo Nacional de Bellas, en el Pabellón de exposiciones temporarias. Puede visitarse de martes a viernes, de 11 a 20, y los sábados y domingos, de 10 a 20. En Av. del Libertador 1473 (Ciudad de Buenos Aires).

El valor de la entrada para argentinos y residentes en el país es de $100, exceptuando de su pago a menores de 12 años, personas con discapacidad, jubilados y docentes con acreditación, y grupos de estudiantes.

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