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El método Bannon

“Nada es privado” se acaba de estrenar en Netflix. Un documental sobre cómo Cambridge Analytica influenció en las elecciones de EE.UU en 2016 y en el Brexit. Pero la película también muestra cómo antes de favorecer a Trump y a los nacionalistas británicos, la compañía utilizó como laboratorio las campañas políticas en países del Tercer Mundo, Italia y también en la Argentina (en las elecciones que ganó Mauricio Macri en 2015).

Ninguna novedad. Nuestros perfiles están en manos de empresas que trabajan con una misión: influir en nuestras conductas. Se trata de un nuevo poder invisible difícil de detectar pero que nos atraviesa diariamente: el poder de los llamados “macrodatos” (datos masivos) y “datos psicográficos” (emociones y actitudes de las personas).

Uno de los mayores flujos de información pasa por Facebook. La red social más importante del mundo, no fabrica autos ni armas pero obtiene mayores ganancias que el petróleo. La compañía de Mark Zuckerberg alcanzó este año los 2700 millones de usuarios. Sin embargo, en Facebook no es todo como parece o al menos como se presenta, un espacio para unir, para conectar, para generar vínculos. Cuando hablamos de Facebook no nos referimos sólo a una red social. Es importante en estos tiempos recordar algunas historias. 

En 2016 Facebook fue la plataforma que utilizó la empresa Cambridge Analytica para trabajar en la campaña de Donald Trump y en la denominada “LeaveUE”, conocida como Brexit. La compañía con casa matriz en Londres, utilizó 87 millones de perfiles de Facebook para favorecer al Partido Republicano. Algo similar sucedió con el Brexit. La misión de Cambridge fue convencer a los votantes del terrible futuro que les esperaba a los ingleses si continuaban en la UE ¿Cómo lo hicieron? Con fake news, spots racistas y mensajes apocalípticos. La propaganda fue exitosa y ganó el “Sí” a la salida. En Londres también analizaron los perfiles de usuarios de Facebook. Cambridge utilizó aplicaciones especiales de la red social para recopilar datos de las personas y también poder acceder a sus contactos. La “guerra de la información” fue aplicada a las elecciones, violentando no sólo el derecho a la protección de datos sino además a las leyes electorales del Reino Unido. Tras el escándalo la firma cerró. 

Uno de los creadores de Cambridge fue Steve Bannon, jefe de campaña de Donald Trump, colega de Durán Barba (asesor de Cambiemos), vinculado también con el equipo de Jair Bolsonaro en Brasil. Bannon además dirige el portal “antisistema” Breitbart News, un sitio de regocijo para los nacionalistas como él y ultraconservadores. “Somos virulentamente antiestablishment, en particular estamos en contra de la clase política permanente”, dijo Bannon al diario The Washington Post. Bannon sostiene que si quieres hacer cambios profundos en una sociedad primero hay que dividirla. Crear el discurso de la “grieta” ¿Les suena? ¿Y cómo se logra esto? A través de las guerras no convencionales (guerras psicológicas) y una ola de fake news.

La guerra psicológica actúa sobre las personas que ya no creen ni siquiera en los hechos como reflexiona el lingüista norteamericano Noam Chomsky: “La gente se percibe menos representada y lleva una vida precaria con trabajos cada vez peores. El resultado es una mezcla de enfado, miedo y escapismo. Ya no se confía ni en los mismos hechos”. Si no se confía en los hechos entonces allí están las fake news, y las empresas como Cambridge esperando a su próxima víctima. 

La contienda en las urnas dejó de ser una asunto político, ahora se convirtió en un espacio donde confluyen varias disciplinas: matemática, filosofía y “la ciencia de los datos”. Todas ellas son necesarias para ganar una elección cueste lo que cueste.