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Panorama Político: Todos detrás de un libro

Hoy, en Córdoba, Schiaretti obtendría cerca del 60% de los votos para la gobernación y recupera Córdoba Capital. Cambiemos sólo el 30%.

Pasan los días, se acerca el 22 de junio, fecha en las que se definen las listas, y todavía no hay certezas de quiénes serán los candidatos de ninguno de los espacios más importantes. En el “mientras tanto”, quienes podrían serlo se posicionan, ganan presencia en los medios, redes y en la agenda política. Nueva, y Sinceramente, fue una semana “ganada por la oposición”, por Cristina Fernández de Kirchner. Ya sea por los 37 puntos de rating, por la tendencia mundial en las redes, por la cadena nacional que generó en todos los medios de comunicación, por el revuelo político que disparó con sus declaraciones o (y) por el tono en el que se habló públicamente. Cristina se presentó en la feria del libro. Entre tantos dirigentes que escriben libros que nadie lee, ella construyó con el suyo “el hecho” político de la semana. Sentada, distendida, no parada ni agresiva (rol que parece caberle hoy al Presidente, aunque muchos comunicadores “objetivos” no quieran verlo), sentó las bases de lo que debe hacerse en los próximos años: “Es necesario un contrato social de todos los argentinos y argentinas con metas verificables, cuantificables, exigibles (…) un contrato social de ciudadanía responsable”. Y dejó así de chiquito el “acuerdo” de diez puntos del Gobierno. Le habló al empresariado nacional: “Para que una empresa gane plata tienen que ganar todos”. También al trasnacional: “En Estados Unidos la economía vuela, tienen el desempleo más bajo en 50 años y no suben la tasa de interés. Algunos se dieron cuenta de que tenían que generar trabajo industrial para volver a generar riqueza”. Muchos párrafos se los dedicó a “los peronistas no kirchneristas”: citó a José Ber Gelbard, empresario y ministro de Hacienda y Finanzas durante la última presidencia de Juan D. Perón, en 1974; mencionó a Eduardo Duhalde, a Roberto Lavagna y puso “allá arriba” a Alberto Fernández, uno de los “armadores” que se había alejado del Kirchnerismo para irse con Sergio Massa. De los puros, sólo al ex ministro de Trabajo de Carlos Tomada, uno de los “propios” mejor vistos por quienes no lo son tanto. Se dirigió también a quienes son críticos de las políticas sociales nacionales y populares y las tildan, despectivamente, de “populistas”: este Gobierno incrementó los planes sociales, de “207 mil” que había a finales de 2015, a los “467 mil” actuales: “Más que los que tenía el gobierno de los choriplaneros”, en una de las pocas chicanas que utilizó. Le habló a todos ellos, no a los convencidos, otra “pequeña gran” diferenciación con otras etapas. Salió a la cancha con nueva táctica, por lo que se vio, con la dirección técnica de Alberto Fernández. La estratégica, claro está, es de Ella.

Entre tantos dirigentes que escriben libros que nadie lee, Crisrina construyó con el suyo “el hecho” político de la semana.

Es extraña la manera en que Mauricio Macri llama al “pacto”: sólo el Gobierno define los diez puntos sobre los que se “acuerda”: básicamente las políticas implementadas en estos tres años y medio (ajuste basado en un modelo de acumulación financiera y de ventas de productos primarios), más otras dos que le resta aplicar luego de haber “acordado” con el FMI: reformas laboral (flexibilización) y previsional (privatización del sistema y extensión de la edad para jubilarse). Quien quiera ir, que acate: el Gobierno del diálogo y el consenso lo llama “acuerdo”. Logró un apoyo al “diálogo” del G6 – la Asociación de Bancos Argentinos, la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, las Cámaras Argentina de Comercio y de la Construcción, la Sociedad Rural Argentina y la Unión Industrial Argentina-; fotos con algunos gobernadores, y con Daniel Scioli y Juan Urtubey. En los hechos, poco. También pasó rápidamente el apriete del lunes a Hugo y Pablo Moyano tras el paro general del 30 de abril, con el allanamiento al sindicato de Camioneros con 150 gendarmes. Macri resiste el embuste de los propios para que se baje de la candidatura para ser reemplazado por el plan V(idal). No está acostumbra a recibir indicaciones, por ahora es él. Todos estos temas fueron minimizados por una presentación en la feria del libro.

Es probable que en estas semanas haya una nueva estrella, Schiaretti. Pero puede ser la última oportunidad: si no se deciden rápidamente, quizás algunos gobernadores busquen refugio en Cristina.

Más elecciones provinciales, más derrotas para los candidatos del Gobierno Nacional. Es la octava, amplísimo triunfo para el PJ, que fue todo unido detrás del gobernador Juan Schiaretti para asegurarle su reelección. En una provincia que había significado vital para la elección de Macri presidente, ahora Cambiemos no pudo, siquiera, mantener el sello ni llevar un solo candidato. Mario Negri (bancado por el Gobierno) y Ramón Mestre, que es oficialista, pero se plantó en la interna. Al cierre de esta nota, según las fuentes consultadas, con el sello Unión por Córdoba, Schiaretti obtendría cerca del 60% de los votos para la gobernación y recupera Córdoba Capital. Le sacaría cerca de 40 puntos a Mario Negri, 50 a Ramón Mestre y obtiene dos tercios de la legislatura. Sumandos, los candidatos de Cambiemos, aunque no quisieron identificarse así, sólo alcanzan el 30%. En las ocho elecciones realizadas hasta aquí, Cambiemos perdió en todas. Y el fin de semana que viene podrá sumar otra derrota en La Pampa.

Se acerca junio y el “tercer sector” de Alternativa Federal y Roberto Lavagna no se pone de acuerdo cómo ordenar su espacio y definir sus candidaturas. El peso más importante con el que cuentan son los gobernadores. Es probable que en estas semanas haya una nueva estrella, Schiaretti. Pero puede ser la última oportunidad para “ordenar” la interna: si no se deciden rápidamente, quizás algunos gobernadores busquen refugio en Cristina, sobre todo en las provincias donde más mide. Por ahora ninguno despega, tal vez por eso no puedan acordar las reglas internas de juego.

Faltan cinco meses, para Argentina, es muchísimo. Todo puede pasar cuando los grandes grupos económicos locales y transnacionales “son” el Gobierno.

Con todo, no significa que la oposición tenga que cantar victoria antes de, siquiera, definir los candidatos. Cristina creció sin hablar ni hacer presentaciones, veremos cómo le va cuando tenga que presentarse públicamente con mayor frecuencia, y qué sorpresas o persecuciones le esperan. No será nada nuevo, ni made in Argentina. Sucedió y sucede en América Latina: Honduras (golpe de Estado), Ecuador (Rafael Correa no puede volver a su país), Brasil (golpe institucional a Dilma Rousseff y proscripción a Lula Da Silva), Bolivia (distintos intentos de destitución de Evo Morales), Venezuela (intento de golpe de Estado), sólo algunos casos. No son aislados. Hay una estrategia para la región que no es decidida en ninguno de esos países ni por ninguno de sus aliados locales.  ¿O acaso el apoyo de Donald Trump y el FMI a Cambiemos es gratuito? ¿No hay intervención extranjera en un país soberano, como lo es Venezuela? Las élites locales son las que se asocian para su implementación local. Pasaron más de cuatro décadas y aún hoy muchos desconocen o niegan el Plan Cóndor, con el que EEUU diseñó una estrategia de dominación para América Latina. Faltan cinco meses, para Argentina, es muchísimo. Todo puede pasar cuando los grandes grupos económicos locales y transnacionales “son” el Gobierno. No se van a ir tan fácilmente.

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