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La resistencia cultural en EEUU

El domingo pasado unas 130 millones de personas se reunieron frente a la pantalla del televisor para ver el show de medio tiempo del Super Bowl, de fútbol “Americano”. El evento protagonizado por Bad Bunny -o Benito Antonio Martínez Ocasio- trajo gran alegría al público latino e incomodidad para una parte de la sociedad norteamericana, ya que se realizó por primera vez un show musical casi totalmente en español. 
Es cierto que la liga de fútbol americano hace décadas emprendió el desafío de incrementar el público que se deleita con este deporte, y que entienden que dirigirse al público de habla hispana es una forma de hacerlo, ya que alrededor de 11 millones de ellos viven en los Estados Unidos. También es cierto que Bad Bunny es el cantante más escuchado del mundo, con 19,8 mil millones de transmisiones (streams). Además, este deporte es considerado un deporte de blancos, a pesar de que más del 50% de los jugadores son afrodescendientes.
Los MAGA, o partidarios duros de Trump, a través de Turning Point, organización creada por Charlie Kirk, montaron un show alternativo con Kid Rock como protagonista. En una entrevista, Kid Rock dijo: “Vamos a tocar para nuestra base. Sabes, para la gente que ama América, ama el fútbol, ama a Jesús”. Mientras tanto, el presidente Donald Trump, quien se mostró en una foto con otros políticos republicanos en su casa de Mar a Lago viendo a Bad Bunny en pantalla gigante, escribió en Truth Social, que el show fue “absolutamente terrible…lo peor de todos los tiempos”. Se calcula que alrededor de 5 millones de personas vieron el show alternativo por YouTube, aunque el número podría ser mayor debido a la utilización de otras plataformas.

Bud Bunny: “Lo único que es más hermoso que el odio es el amor”.

Lo cierto es que a una semana de haber ocurrido el evento, ya hay cientos de videos en YouTube haciendo el análisis de este impresionante show, desde académicos, periodistas, políticos a influencers. Muchos de estos análisis se burlan de aquellos que se incomodaron con tantos “marrones” en la pantalla, cantando en un idioma que no comprenden. Es importante aclarar que alrededor del 14% de la población, o 50 millones de personas, hablan español en los Estados Unidos. 
Este evento se ha realizado en un momento político crítico. ICE (Immigration Custom Enforcement) está realizando racias con mucha violencia, separando a familias y hasta desapareciendo a personas por unos días, trasladándolos lejos de su casa, seres queridos y sus abogados. Hay alrededor de 70.000 personas detenidas, la mayoría ciudadanos de México, Centroamérica, Colombia y Venezuela.

Centro de detención de Dilley, Texas, EEUU.


Las condiciones de encierro son paupérrimas. Treinta y siete personas han muerto por negligencia médica en el 2025. Los centros de detención privados se están expandiendo en todo el país a gran velocidad. Estos requieren condiciones menos exigentes que los centros estatales para encarcelar a personas. Los legisladores tienen derecho a inspeccionar estos establecimientos para verificar las condiciones de vida de quienes están encarcelados allí. Sin embargo, infinidad de veces han sido impedidos de ingresar o se les han impuesto requisitos de aviso anticipado para sus visitas. Además, hay unos 3.800 niños encerrados con alguno de sus padres en el centro de detención de Dilley, en Texas, en pésimas condiciones de alimentación e higiene. 
El show de Bad Bunny estuvo colmado de comentarios políticos, crítica al colonialismo, reivindicación del movimiento independentista puertorriqueño y, sobre todo, de que “lo único que es más poderoso que el odio, es el amor”, en alusión a la necesidad de poner freno a la violencia contra las minorías étnicas en los Estados Unidos. El show de Bad Bunny ha tenido un impacto más allá de lo musical. Es una afrenta a los que rechazan una sociedad multicultural. Una forma de resistencia contra los que se apoderaron de América para nombrarse a sí mismos; América, somos todos los que vivimos en el hemisferio, América es el continente y cada uno de los que vivimos aquí somos americanos. Cada vez son más las personas que abrazan una sociedad multicultural, donde todos estamos incluidos y las diferencias son respetadas y apreciadas. Lo vimos en Minneapolis, donde los vecinos con ciudadanía estadounidense salieron a proteger a sus vecinos más vulnerables y dos de ellos lo pagaron con su vida. La guerra cultural ya está perdida, por eso la violencia, el atropello y la crueldad. El show no solo resonó en la comunidad latinoamericana, sino también en todos aquellos que entienden que todos nos beneficiamos cuando caminamos juntos hacia adelante, cuando no hay privilegios para algunos, cuando no hay ciudadanos de segunda categoría. ¡Gracias, Benito!

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