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Panorama Político: De la agenda mediática a la social

Nuevamente, y van… las agendas políticas de los grandes grupos hegemónicos y la realidad social discurren por caminos paralelos. Quien lee los diarios o mira la TV se (des)”informará” con cerdos que caen de helicópteros, o tendrá la “primicia” del “caso” Alberto Nisman, a cinco años de su suicidio, haya sido inducido o no. Por el contrario, quien “lea” la realidad económica- social verá la verdadera y profunda crítica situación en la quedaron nuestro país y las familias argentinas, luego de otros cuatro años de neoliberalismo.

Oligarquía, tilinguería y empresariado nacional

Podría aprovecharse, en el buen sentido, el bizarro y patético comportamiento de la tilinga clase empresarial argentina, propia de los “nuevos” ricos del Menemismo reposicionados con el Macrimismo, para debatir cómo es y cómo actúa el “empresariado nacional”. Con éste, supuestamente, hay que contar para reconstruir la economía. Federico Álvarez Castillo es el dueño de Etiqueta Negra, una marca “distinguida” de ropa que es, mayormente, importada; uno más entre los empresarios que consideraron que los funcionarios macristas conformaban un grupo de “cracks”, el mejor equipo de los últimos 50 años.

Con sus limitaciones, una cosa es la oligarquía argentina de la Generación de 1880 que diseñó un país para sus intereses, -pero diseño un proyecto de país al fin y al cabo-, y otra Eduardo “Pacha” Cantón, quien no sólo jugó a Globo (amarillo por supuesto) e hizo un delivery arrojando un cerdo desde un helicóptero; ya había matado con su lancha en el Tigre a una mujer de 26 años y a su hija de dos. Pudo ser “un accidente”, pero la familia asegura que nunca las socorrió. “Tiré el cerdo, intenté hacer una broma que salió mal”; eufemismo de: tengo mucho dinero y poder, me aburro y hago lo que quiero.
A personajes así, apela el presidente Alberto Fernández cuando habla de solidaridad, de que a ellos les toca ahora poner el bolsillo para terminar con el hambre en el país. Como deseo, al inicio del mandato y cuando la sociedad está cansada de lo que llaman “grieta”, está muy bien; es con “todes”, expresado en el lema Argentina Unida. Muy probablemente sirva para “salir del pozo”, cuando la capacidad ociosa de las industrias es de más del 40%. Después, cuando recrudezca la puja por la redistribución de la riqueza, quizás con la buena voluntad no alcance. Allí se manifiestan crudamente los proyectos políticos antagónicos, el oligárquico frente al popular, cuando hay que tocar intereses. A esa altura, los tilingos no cuentan. Es el momento en el que se requiere del empresariado nacional. Si la decisión política está, la correlación de fuerzas es lo que posibilita, o no, afectar los intereses de los privilegiados.
“La industria textil terminó 2019 con un 60 por ciento del nivel de actividad que tenía en 2015. Nos achicamos en más de un tercio”, detalló a Página 12 Jorge Sorabilla, director de TN Platex, empresa textil líder. “Son más de cuatro millones de personas que viajaban al exterior y hacían sus compras de indumentaria para todo el año”, agrega. Esto es, menos del 10% de la población, pero que simbólica y aspiracionalmente representa el interés de muchas/os más. De esa construcción también se encargan los grandes medios.

La historia como tragedia y como farsa

En 1851, el filósofo materialista Karl Marx desarrolló que la historia se presenta primero como tragedia y luego se repite como farsa. Si bien la analogía con la Revolución Francesa, a la que se refería Marx, le queda inmensa a la muerte del fiscal Alberto Nisman, desde los grandes medios, sus periodistas que hacen pequeño periodismo, se esfuerzan por sostener la farsa. Así, de la inmensa movilización del “Todo somos Nisman” que colaboró, y mucho, con el triunfo de Cambiemos en 2015, a ésta a cinco años de su muerte en la plaza Vaticano, hay un abismo.  Sin embargo, es “el tema” de agenda de los medios hegemónicos. Más o menos como la distancia que hay entre la plaza adonde convocaron la ex ministra Patricia Bullrich, el diputado Waldo Wollf, Elisa Carrió y pocos más, con El Vaticano, donde el Papa Francisco recibirá a Alberto el 31 de enero próximo.

El vestuario

El Frente de Todos es (necesario recordarlo) la conjunción del Kirchnerismo, el Peronismo (básicamente de los gobernadores), el Frente Renovador y de varios partidos menores y organizaciones sociales, en estricto orden de aportante de votos. Todos y todas querían la unidad, porque era imprescindible para ganarle a Cambiemos. Pues ahora, a poco más de un mes de inicio del gobierno, muchos teóricos se espantan por ciertas presencias o por los ritmos de los avances y las decisiones políticas. ¡Eso era, y es, la unidad! No era convocar a todos, unirse y después hacer lo que quiere un sector, cualquiera de ellos. Y para eso, básicamente, Cristina Fernández de Kirchner eligió a Alberto, quien actúa en consecuencia.
Así se dio en la política latinoamericana, con el asilo al derrocado por la dictadura cívico-militar boliviana Evo Morales, o con la posición del Gobierno en el tema Venezuela. Esta semana sucedió algo similar con el pedido de libertad por los presos políticos. No está mal que aparezcan esas diferencias porque existen, en tanto y en cuanto no se descuide que van a ser utilizadas por la oposición política, no sólo partidaria, para erosionar el poder de Albero y la unidad del Frente de Todos. Para que haya unidad debe ser con todos, indispensablemente. Como en el fútbol, las discusiones del plantel deben en la intimidad del plantel, en el vestuario. Si se las habilita a la carroña del periodismo, de manera pública o con “filtraciones”, los goles en contra son festejados por los rivales. La política es lo central, pero la comunicación es muy importante.